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Vinicius… con mucha Saudade

El otro día en el Conde Duque de Madrid, asistimos al concierto de Toquinho y Maria Creuza en homenaje a las sesiones celebradas en el Cafe La Fusa de Buenos Aires allá por 1970 con Vinicius de Moraes. El concierto se convirtió en una sesión de espiritismo con el objetivo de contactar con Vinicius, magnífico poeta, compositor, cantante, embajador y padre de la bossa nova… Un gran personaje, fallecido en 1980. Para que la sesión fuera posible, le habían puesto un taburete y un vaso de whisky. Y es que Vinicius decía que mujeres y whisky eran la materia prima de su arte. Con este anzuelo, seguro que estaba al caer.

Y cayó. Porque el recinto a reventar celebró con frenesí la sensualidad y riqueza aromática de sus composiciones, en versiones de una abrumadora belleza. La cosa fue, en cualquier caso, de llorar. Y se lloró, a fe mia que si.

Ya desde el principio con la alegre ’Que maravilha’, se desató el torrente de “saudade” y emoción que continuó con ‘Corcovado’ y ‘Garota de Ipanema’. Aquello se volvió insoportablemente bello. Y es que la bossa nova es un género de una hermosura desarmente,  dulce y cariñoso, creado por Jobim y De Moraes prácticamente de la nada.

El show fue maravilloso, en especial el tramo final, con los dos artistas cantando las monumentales ‘A felicidade’, ‘Berimbau / consolaçao’ y ‘Eu sei que vou te amar’ que nos dejaron flotando entre nuestras emociones. ¡¡¡ Qué canciones, dios mío !!!. Si llegan a ser anglosajones, Jobim y De Moraes dejan a los Beatles en una broma.

Es una pena que tuviera que terminar, aunque Vinicius ya lo advirtió: ”Tristeza nao tem fin, felicidade si”.

Bruce Springsteen: Yo estuve allí.

 

Ayer, Jueves 17 de Julio de 2008 Bruce Springsteen rugió la historia del rock and roll y nos robó el aliento a las 60.000 almas que estabamos en el estadio Bernabéu. En el mejor marco posible y con la luna llena de testigo, pudimos asistir a un concierto de tres horas de duración intenso, electrizante, y en el que el Boss recorrió más de 35 años en la carretera, junto a los músicos con los que ha envejecido sobre el escenario: la E Street Band.

El Jefe no dio muestras de flaqueza y sometió a su audiencia a una dura prueba de resistencia. Demostró que con el tiempo su voz ha ganado en profundidad y que aún tiene ganas de mezclarse con sus seguidores, e incluso de arrojarse sobre ellos. En medio del éxtasis sonoro, solo tuvo tiempo para saludar en español: “Hola, Madrid. Es genial estar de vuelta con mis amigos”- y felicitar a “los campeones de la selección española”.

Y es que Springsteen no venía a cumplir. Llegó a renovar el pacto de sangre que selló hace justo 20 años en su primera visita a Madrid (también estuve allí a mis 16 años). Y lo consiguió: fue irrepetible. Cuando recuperen el aliento las 60.000 almas congregadas ayer por la noche en el Bernabéu podrán decir como yo: “Yo estuve allí”.